jueves, 27 de septiembre de 2007

Faltó gol y sobró el árbitro

Goles son amores y puntos. Y el Racing no tiene de lo primero y de lo segundo va justito. Ayer, ante un Villarreal que se limitó a aprovechar al máximo sus ocasiones -¿qué envidia!-, el equipo de Marcelino fue el claro dominador del partido ofreciendo además un fútbol, en ocasiones, vistoso. Pero, ante la portería rival nada de nada. Cierto es que el González Vázquez tampoco ayudó demasiado con la rigurosa expulsión de un Duscher poco discreto y al considerar el empujón a Smolarek un mero lance del juego en vez del claro penalti que fue, pero no valen excusas, porque no siempre habrá un árbitro en el que escudarse para tapar las propias carencias. Y el Racing a día de hoy las tiene, es evidente.

El equipo de Marcelino dejó patente ante los castellonenses que la multimillonaria inversión hecha el pasado verano no ofrece, al menos por ahora, garantía alguna de éxito ante las porterías contrarias. Smolarek se mostró como un buen jugador -esa fue la impresión que causó- aunque cerca de la portería no es nada del otro mundo. El caso de Tchité es todavía más llamativo. Es verdad que ayer saltó al terreno de juego con el partido ya roto, pero no lo es menos que las sensaciones que ofreció sólo sirvieron para ratificar lo que en los partidos anteriores había apuntado. Puede ser un buen jugador -7,5 millones de euros bien lo merecen-, pero de momento, como el resto del equipo, ante las porterías contrarias, nada de nada.

Desde el principio

Para los santanderinos, las cosas comenzaron a torcerse desde los primeros minutos. Pese a que eran ellos los que tenían el control del partido y los que disfrutaban de las mejores oportunidades, el gol no acababa de llegar. Smolarek, protagonista en la mayor parte de las acciones ofensivas de los de Marcelino, dejó claro que él no es el 'nueve' que necesita el equipo. Sus virtudes son otras, o al menos esa fue la impresión que dio en su primer partido como titular. El polaco llegó tarde a dos rechaces, remató flojito a las manos de Viera y fue objeto de un claro penalti que el colegiado gallego se 'tragó'. Ahí, en ese preciso momento comenzó a verse claro que el de ayer no era el día ni de Smolarek, ni del Racing, ni del árbitro.

Enfrente, el Villarreal de Pellegrini estuvo en su papel de buen equipo. Tuvo toda la calma del mundo, incluso cuando fue completamente desbordado por los cántabros, y supo sacar el máximo provecho de sus más bien escasas oportunidades.

Rossi avisó en una buena contra. Minutos más tarde Nihat no perdonó y dejó el partido sentenciado. Bueno, sentenciado exactamente no, de eso se encargó, ya en la segunda parte, González Vázquez. El colegiado gallego para redondear su pésima actuación mandó a la caseta a Duscher por una entrada a destiempo y absolutamente evitable sobre Cani. Ahí sí que terminó el partido para el Racing.

De poco sirvió que Marcelino pusiera toda la carne en el asador y que sus jugadores no bajaran nunca los brazos. El partido estaba resuelto y Rossi se encargó de confirmarlo al desviar de tacón un disparo de Pires. El balón, como no podía ser de otra manera, acabó en el fondo de la portería de Toño y los tres puntos, por si acaso no lo estaban ya antes, en el casillero del Villarreal.

Pero, como de casi todas las cosas, siempre se puede sacar algo positivo. Incluso de las situaciones más negativas. Ayer, pese a la nulidad ofensiva y a los errores defensivos de los goles, el Racing jugó un buen partido. Parece una paradoja, pero realmente así fue.

Y quizá a eso haya que aferrarse para seguir confiando en las posibilidades de un equipo con demasiadas carencias, pero con evidentes virtudes. Ayer se pudieron ver muchas de las primeras y también de las segundas. Al menos, la situación deja cierto margen para la ilusión y la esperanza.

Fuente: El Diario Montañés
Publicado por Castro2 @ 1:42 | 0 Comentarios | Enviar

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