La nave de Marcelino terminó naufragando en el Manzanares. De nada sirvió la organización montañesa frente al hambre de goles de un Atlético muy superior. El Racing pagó con una paliza, 4-0, la blandura de la defensa y la ineficacia de la delantera, que no llegó a disparar una sola vez en los 90 minutos.
El partido empezó, como es preceptivo, con un periodo de tanteo. El Atlético, atenazado por la responsabilidad de agradar a su público; el Racing, desarrollando un juego contenido e intentando mantener controlada la pelota. Dicho de otro modo, el balón avanzaba metro a metro, y cada ataque, de cualquiera de los dos equipos, requería una cantidad de trabajo desproporcionada.
La primera jugada en condiciones fue la que costó el 1-0 a la gente de Marcelino. El Kun Agüero puso en ridículo a la zaga cántabra antes de que Raúl García, desde la frontal del área lanzase un tiro ajustado al poste izquierdo de Toño, tras un error en cadena de Gonzalo Colsa y Sergio Sánchez.
El contratiempo no hizo cambiar el guión al Racing, que insistió en su fútbol laborioso, mientras los anfitriones, con el respeto perdido, empezaron a tratar al rival como a un cualquiera.
El resto del primer periodo, para olvidar: Agüero mareaba a la defensa por la izquierda y Reyes, por la derecha. En cuanto al ataque, la falta de recursos en el Racing lo llevaba a darse de morros una y otra vez con la zaga atlética.
Los jugadores de Javier Aguirre merodearon por las inmediaciones del área de Toño, aunque no acabaron de decidirse a dar la puntilla. Eso permitió que se llegase al intermedio con la ventaja mínima.
No les cundió el recreo a los santanderinos, que llegaron a la segunda mitad con idéntico repertorio y siguieron apostando por el orden y la perseverancia.
En vista de que la cosa no funcionaba, Marcelino se decidió a dar nuevos aires al ataque. Sacó del campo a Colsa, con tarjeta, y a Jorge López, para poner delante a Ebi Smolarek junto a Tchité y a Munitis en funciones de extremo, pegado a la banda derecha.
Pudo haber sido una solución. Lástima que Jordi, recién salido, optase por la chapuza dejándose expulsar con dos faltas consecutivas. Dos minutos estuvo sobre el césped del Calderón el ex del Mallorca. Y si ya era poca desgracia, otra. Un 2-0 a cargo de la pesadilla de la noche: gol de Agüero a pase de Reyes que abrió la cuenta de un Atleti abusón con un contrincante en inferioridad numérica, de ideas y de futbolistas. Forlán y Simao acabaron por convertir en paliza un encuentro que pone en entredicho al «mejor equipo de la historia» que anunció en su día el presidente Francisco Pernía.
Fuente:
El Diario Montañés