En un lado los fantásticos, en otro el Racing; en uno, el once de las siete nacionalidades, en el otro, una alineación con dos extranjeros; en un lado, el banquillo con Thierry Henri y Deco, en el otro, una escuadra a medio hacer con un juvenil como ariete; pero en éste lado estuvo la velocidad.
Racing y Barcelona parece que vuelven a la Liga donde lo dejaron la pasada temporada. El equipo de Marcelino García Toral ya no cuenta con Nikola Zigic, pero sigue el espíritu de equipo, el compromiso por superar cimas, y la de ayer fue el K-2, porque pocas veces había tenido el equipo racinguista un debut tan complicado, pero el Barça demostró que todavía padece los males de la pasada campaña. Las estrellas que nos ciegan con su luz deben recibir al pie, que para eso son estrellas.
Era de esperar que el Racing esperase agazapado, pero es que el Barcelona jugó andando 40 minutos en los que el conjunto santanderino tuvo oportunidades muy claras de adelantarse en el marcador. Sin ir más lejos, a los cuatro minutos, cuando Pinillos colgó un balón muy pasado que encontró a un Oscar Serrano –muy trabajador todo el partido– libre de marca, pero lo del gol no es el fuerte del gerundés. Su remate fue desviado por Víctor Valdés en su salida desesperada.
Cinco minutos después Duscher recogió un rechace y empalmó un duro disparo que fue atrapado por Valdés en dos tiempos, confirmando que el Racing iba en serio.
Dos arreones del Barcelona, pero fue el equipo cántabro el que ejercía la mejor presión, buscando la anticipación y las ayudas, y gracias a ello dispuso de más llegadas. Así, Duscher abrió a la derecha para un Jorge López desapercibido hasta ese minuto 22. El logroñés metió un buen pase a la entrada de Gonzalo Colsa, que pisó área y estrelló la pelota en el poste izquierdo ante la salida de Valdés. Se confirmaba así que el sacrificio se estaba imponiendo al escaso dinamismo de una escuadra plagada de estrellas.
El Racing volvió a meter el miedo en el cuerpo al barcelonismo con un cabezazo dentro del área de Pedro Munitis a pase de Colsa, el cual se fue alto.
Sin embargo, el equipo verdiblanco era el que llevaba casi todo el desgaste físico, por lo que no es de extrañar que en los últimos cinco minutos de partido el conjunto barcelonista estuviese a punto de mandar al traste todo el trabajo de los de Marcelino.
El Barcelona encontró su filón en Lionel Messi, el único que imprimía velocidad a sus acciones. Un magnífico pase suyo a la espalda de la defensa estuvo a punto de aprovecharlo Xavi –de los pocos que se salvó del juego pasota en las filas azulgranas–.
Tras un tímido disparo de Iván Bolado, el juvenil encargado ayer de hacer de Zigic, un gran pase de Ronaldinho en largo a la entrada, otra vez, de Xavi, puso en vilo al estadio y sus más de 22.000 almas. La vaselina del catalán sobre la salida de Toño fue despejada balo palos con suspense por Luis Fernández, quien se quedó en el banquillo en la segunda parte por decisión de Marcelino, que prefirió poner sobre el césped a Ayoze, que obviamente tenía el casillero de amarillas vacío.
Bolado tuvo la ocasión de hacer el debut de su vida, pero desaprovechó otro buen servicio de Duscher al buscar el recorte antes que el gol cuando se plantaba ante el portero blaugrana.
El Barcelona respondió llevando el peligro en un córner justo antes de que Bolado dejase el campo ovacionado por el estadio, que hizo un ruido atronador cuando Ebi Smolarek pisó césped.
Ronaldinho rozó la escuadra en una falta que se vio dentro y acto seguido Henri sustituyó a Messi en una extraña decisión de Frank Rijkaard.
Smolarek tuvo la primera en un remate a la media vuelta dentro del área que tocó en un rival y se fue a córner por poco.
Al partido le faltaba su dosis de polémica, que llegó en el minuto 64, cuando el colegiado Muñiz Fernández expulsó a Smolarek por una dura entrada sobre Abidal que se podía haber saldado perfectamente con una amarilla.
El asedio del Barcelona ante un Racing con 10 comenzaba sin mucho éxito, ya que hasta a falta de cinco minutos para el final no logró llegar con claridad. Ronaldinho, que jugó andando, sirvió a Henri, quien sacó uno de esos disparos con rosca que a él le gustan, el cual afortunadamente se estrelló en el palo.
Lo que no esperaba el Racing era la arrogancia del equipo local cuando un pase al hueco de Jorge López aprovechó la velocidad de Munitis, que llegó a tocar antes que Valdés un balón que salió despedido a córner. Más aún cuando sobre el tiempo reglamentado el conjunto racinguista está a punto de noquear al Barça en una mala salida de Valdés, que se vio superado por la vaselina de Jorge López, que se fue alta.
Un disparo de Deco a las manos de Toño puso fin al encuentro en el que el racinguismo se reencontó con su equipo, pese a un verano con más salidas que llegadas.
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Alerta