Los buenos reflejos de Calatayud, que paró un penalti lanzado por Savio a dos minutos del final, dieron un punto al Racing en su visita a la Real Sociedad, que se queda con el agua al cuello y muchas posibilidades de bajar a Segunda.
El encuentro fue horroroso, pero al menos quedó claro que lo de las primas y los maletines misteriosos son pura leyenda urbana: nadie diría que el Racing cobraba extra por ganar.
Una cosa es jugar al primer toque y otra bien distinta tocar sólo una vez el balón antes de perderlo. Así es, más o menos como empezó el partido entre Real Sociedad y Racing. Las bajas en el equipo de Portugal y el afán del equipo de San Sebastián por no perder la categoría pueden servir de excusa para el juego tan vulgar que practicó el conjunto santanderino en Anoeta desde el arranque del choque.
Once inusual
El técnico del Racing ensayó con un once inusual que rindió a un nivel bastante pobre. Desde que el cuadro montañés se ha visto obligado, a fuerza de resultados adversos, a olvidarse de jugar en Europa, da la sensación de que los futbolistas sólo piensan en las cada vez más próximas vacaciones y en la ropa que deberán llevar a Corea del Sur.
Una forma rápida de resumir lo que fue la primera mitad del Racing es decir que nadie acertó a tirar una pelota entre los tres palos del equipo contrario. En un análisis un poquito más pormenorizado del equipo se pudo ver una defensa que hacía aguas por la zona izquierda (la de Cristian Fernández y un Pablo Alfaro a quien casi se daba por jubilado), y un centro del campo con ideas poco claras (a pesar del innegable trabajo de Colsa). Entre los atacantes, Serrano hacía su labor, mientras Cristian Álvarez, en la banda opuesta, no daba señales de vida; Munitis permanecía también desaparecido y Juanjo funcionaba a cámara lenta. Un panorama desolador.
Mientras tanto, la Real, que no hay que olvidar que también brincaba por el césped donostiarra, se desesperaba por su incapacidad de marcar un miserable gol a pesar de toda la colaboración que encontró en la zaga visitante.
Los mismos once jugadores regresaron del intermedio con algo más de espíritu. Munitis se mostró un poco más revoltoso y gracias a él el Racing revivió para recaer enseguida. Las entradas de Melo (por Cristian Álvarez), Balboa (por Juanjo), y Vitolo (por Antonio Tomás), tampoco contribuyeron a mejorar la salud del enfermo.
Fue a cinco minutos del final cuando se desató la locura: Munitis cometió un penalti, Melo protestó y se fue a la calle, Savio tiró, paró Calatayud y Vitolo vio otra tarjeta roja. Y sin dejar reposar el jaleo, el tiempo se consumió, para desesperación de la Real.
Fuente:
El Diario Montañés