lunes, 07 de mayo de 2007
El Racing había viajado a Zaragoza con la intención de reencontrarse a sí mismo. De volver al ser el equipo incómodo para el rival, peleón, molesto para cualquier contrario y lo consiguió a medias.
Los hombres de Miguel Ángel Portugal, conscientes quizá de que el de La Romareda es uno de los últimos trenes hacia Europa, o al menos uno de los más importantes, volvieron a recuperar la buena imagen de hace apenas un mes durante la primera parte. No es que practicaran un juego brillante, no, como tampoco lo han hecho durante la mayor parte de la temporada. Lo que si fue el Racing es el equipo aguerrido de otras ocasiones. Peleaba todos los balones y presionaba en cada metro cuadrado de césped, lo que pronto se convirtió en un dominio evidente del encuentro. Claro que este control no se tradujo en goles, ni siquiera apenas en ocasiones.
Y es que lo que no consiguieron los de Portugal fue recuperar el fútbol directo que les convertía en un verdadero peligro en todos y cada uno de los partidos que disputaban. Buena parte de que esto fuera así la tuvo, sin duda, el hecho de que el centro del campo verdiblanco fuera tan poco eficaz como, por otra parte, lo estaba siendo el contrario. Pese a todo, el conjunto santanderino no pasó por demasiados problemas. Las debilidades que el equipo mostraba en la creación las suplía con creces en lo que a contención se refería. Así, que alguien consiguiera mover el marcador parecía una meta imposible y cualquier resultado que no fuera el empate a cero hubiera sido un verdadero milagro.
Sólo un disparo de Munitis en la mejor oportunidad de la primera parte para los cántabros y otro de Scaloni, que se marchó fuera por poco, pueden contabilizarse en el haber ofensivo del Racing. Escaso bagaje para un equipo que pretende estar en Europa.
Tras el descanso las cosas cambiaron. El buen orden que el equipo de Portugal había mostrado pasó a ser un mero recuerdo. La contundencia en el centro del campo, la presión y la entrega ya no eran armas lo suficientemente efectivas como para frenar el fútbol de un contrario mucho más acertado. D'Alessandro, en unas ocasiones, y Aimar, en otras, comenzaron a dar muestras de su contrastada calidad. Por detrás, a falta de unos medios entonados, Gabi Milito y Diogo colaboraban como podían en el juego ofensivo de su equipo.
Mal panorama
Con este nuevo panorama el Racing tenía todas las de perder. El juego de los maños, a base de toque, de cambios de orientación, de combinaciones, se fue, poco a poco, imponiendo al de los cántabros, más preocupados de contener al Zaragoza que de mirar un poco hacia la portería de un aburrido César.
El nuevo rumbo que había tomado el partido propició, como no, que fueran cayendo las ocasiones del lado maño. Primero fue Sergio García el que pudo marcar, pero su disparo se marchó alto. Un poco después le imitó Diego Milito.
Que llegara el gol de los aragoneses parecía cuestión únicamente de tiempo. El Racing andaba perdido, pensando más en cómo parar las acometidas mañas que en efectivamente conseguirlo. Menos mal que ayer Toño dio la de cal y, con dos paradas espectaculares, evitó lo que hubiera sido un desastre para los de Portugal. Ni siquiera en los últimos minutos, cuando el asedio era ya una constante, la fortuna, porque sí que hay que hablar en este caso de cierta dosis de suerte, sonrió al Zaragoza.
En definitiva, que el Racing se volvió para Santander con un puntito más en su cuenta, aunque sin haber recuperado del todo el buen tono de otros tiempos. Eso sí, regresó con las puertas de Europa aún entreabiertas, a la espera únicamente de que los cántabros se atrevan a cruzar el umbral. La próxima oportunidad para hacerlo la tendrán en apenas una semana, en El Sardinero. Ahí, el equipo de Portugal dispondrá de otra ocasión para tratar de ser de nuevo el Racing 'europeo' que la afición quiere.
Fuente: El Diario Montañes