Sufrido y valioso empate del Racing en su visita a Balaídos al conseguir igualar un partido que se le puso muy cuesta arriba a la media hora de juego cuando perdía por 2-0 ante el Celta, gracias a una excelente reacción en la segunda mitad.
Un partido y un resultado, en cualquier caso, condicionado por la actuación del árbitro, Medina Canatalejo, quien se erigió en protagonista del mismo cuando éste se encontraba dormido y sin dueño, al señalar un penalti inexistente que dio un vuelco al partido de 180 grados.
El juego, tras un fulgurante arranque de partido, con oportunidades de uno y otro lado, en el minuto dos en un remate un tanto forzado por Oubiña que Toño despejó bien y uno más tarde, en el tres, un remate de cabeza de Zigic a saque de esquina de Munitis, se durmió entre imprecisiones hasta que Medina Cantalejo decidió despertarlo.
El colegiado andaluz señaló a los veinticuatro minutos un inexistente penalti a favor de los gallegos tras una caída en el área visitante de Borja Oubiña en una jugada en la que el central racinguista Rubén protegió y tocó el balón y no al internacional español.
Una decisión que condicionó irremediablemente el devenir de los acontecimientos obligando al Racing a espabilarse definitivamente y a estirarse sobre el césped de Balaídos.
Pero apenas tuvieron tiempo los de Miguel Angel Portugal para recomponerse de ese primer mazazo pues sólo ocho minutos después llegaría el segundo tanto de los locales.
En el treinta y dos Bamogo, quien formó parte del once inicial tras lesionarse el pivote Pablo García en el calentamiento del mismo, lo que obligó a Fernando Vázquez a variar de sistema y formar con un 4-4-2, se estrenaba como goleador celeste, llegó al Celta en el mercado invernal, con un remate de cabeza.
El jugador francés remachó a las redes, incomprensiblemente solo, un centro de Gustavo López, haciendo inútil la estirada de Toño, que nada pudo hacer por evitar que el balón se colase pegado al palo izquierdo de la meta cántabra.
Un error defensivo que situó al Racing en el peor de los escenarios.
El peor equipo como local de esta Liga tenía prácticamente sentenciado el partido en apenas media hora de juego dejando al Racing medio noqueado.
Con todo lo intentaron los santanderinos por medio de balones colgados hacia la cabeza de Zigic, poco fino ayer.
Es más la mejor ocasión de ahí al descanso llegó otra vez en la botas de Bamogo que envió el balón al palo tras un precioso recorte a Garay.
El paso por el vestuario le vino bien a los hombres de Portugal para recomponerse anímicamente, aclarar sus ideas y ofrecer una segunda mitad muy distinta, aunque el primer aviso de estos segundos cuarenta y cinco minutos corrió a cargo del Celta.
Empujados por Munitis, el único que parecía no dejarse vencer por los elementos, los cántabros comenzaron a achuchar la meta de Pinto.
En el minuto cincuenta y cinco llegó el tanto del diez cántabro tras rematar un pase de la muerte enviado por Scaloni.
Con 2-1 en el marcador, el Racing comenzó a creer en sí mismo al mismo tiempo que al Celta y a su entrenador le entraba el miedo en el cuerpo.
Vázquez optó entonces por meter un tercer central, Lequi.
No obstante, aún con tres centrales, Zigic consiguió cabecear un centro botado por Munitis que estuvo cerca de conseguir el objetivo del gol pero que Pinto consiguió abortar.
Portugal decidió, a falta de veinte minutos para el final, poner toda la carne en el asador.
Dejó en el banquillo a Rubén y apostó por Juanjo.
Precisamente Juanjo se erigiría en protagonista al ser víctima de un penalti cometido por Iriney que Cristian Álvarez se encargó de transformar en el 2-2 en el minuto setenta y siete.
Vázquez a la desesperada deshizo los tres centrales sustituyendo a Lequi, que había entrado con el partido ya empezado, por el delantero Perera, lo que no gustó ni un pelo a la grada.
Nada cambió de ahí al final.
El Racing enfiló los vestuarios con un empate con buen sabor de boca mientras que el Celta lo hizo sin ser capaz de cerrar su crisis de resultados en casa.
Fuente:
Alerta