lunes, 19 de febrero de 2007
Dos aficionados del Nástic de Tarragona, el cántabro Ricardo Pacheco y Lluís Vueltas, recorrieron 650 kilómetros en bicicleta para ver a su equipo en El Sardinero
«Érase una vez un caballero de enjuta figura, rocín flaco y afán
corredor». No visitaron ayer El Sardinero los personajes más universales de don Miguel de Cervantes, pero si estuvieron en la capital cántabra dos protagonistas que tienen muchas cosas en común con los personajes cervantinos. Ricardo Pacheco y Lluís Vueltas, un cántabro nacido en Castañeda y un catalán de Tarragona, son los aficionados más fieles que tiene el Nástic. Pero aficionados, en el sentido literal de la palabra que recoge del diccionario de la RAE: 2. Que cultiva o práctica, sin ser profesional, un arte, oficio, ciencia y deporte. 3. Que siente afición por un espectáculo y asiste frecuentemente a él.
Pacheco y Vueltas aman el ciclismo, lo practican siempre que pueden, y también al club de sus amores, el Nástic. Por eso decidieron que este año, tras ascender a Primera, irían a todos los partidos que el club granota disputara fuera del 'Nou Estadi'. Hasta aquí sería una historia similar a la del resto de aficionados catalanes que ayer viajaron al Sardinero. Pero lo sorprendente fue que estos dos amigos lo hicieron a 'lomos' de sus bicicletas.
Ya acudieron 'rodando' a seis desplazamientos anteriores y visitaron campos como los de El Madrigal, Montjuic o Mestalla. Pero siempre habían sido viajes de un solo día. Esta vez se liaron la manta a la cabeza y decidieron venir hasta Cantabria para ver el Racing-Nástic. Nada, un paseo, sólo 650 kilómetros.
«Yo nací en Castañeda, pero vivo en Tarragona desde hace 23 años. Para poder venir a Santander he tenido que pedir dos días de vacaciones pero merece la pena. También quiero decir que, aunque soy cántabro, prefiero que gane el Nástic», comentó Pacheco el viernes en la sintonía de El Mirador de Punto Radio DM.
El jueves salieron de Villalonga del Camp (Tarragona) para recorrer 150 kilómetros y dormir en Bujaraloz (Aragón). La segunda etapa les llevó hasta Autol (La Rioja), lo que supuso 200 kilómetros más en sus piernas. El sábado recorrieron otros 200 kilómetros bajo la lluvia hasta la localidad burgalesa de Espinosa de los Monteros. En esta etapa estuvieron acompañados por ciclistas cántabros. «En Autol nos juntamos con mi hermano Fernando, que fue ciclista profesional en los tiempos del Teka y del Banesto», explicó Pacheco. Ayer, último día de peregrinación, la etapa fue menos dura. Sólo 100 kilómetros hasta El Sardinero.
Escribió Cervantes en El Quijote: «Allá va el caballero en su escuálida montura, camino de otra desigual batalla». Y eso es lo que le pasó a estos intrépidos aventureros. Su equipo el Nástic, el colista de la categoría, planteó una dura batalla pero le sucedió lo que a don Quijote y cayeron derrotados en la batalla.
«El año que viene ya se verá si seguimos al equipo. Será mucho más difícil seguirlo en Segunda, pero no por los desplazamientos, sino por mí mujer», relató en tono irónico y entre risas Pacheco.
Ayer, el Nástic, no tuvo enfrente molinos de viento, se tuvo que enfrentar a nuestro gigante particular: el serbio Nicola Zigic, acompañado, una vez más, por su inseparable y fiel escudero, cuál Sancho Panza, Pedro Munitis.
EL DIARIO MONTAÑÉS.