Cuando alguien cumple con su obligación hay que aplaudirle. Y eso es lo que hizo ayer el público de El Sardinero con el Racing, aplaudirle a rabiar. El equipo santanderino ganó al Valencia con todo merecimiento. Por ocasiones, por control del partido, por entrega, por casta desde cualquier punto de vista, el equipo santanderino fue merecedor de un resultado apretado, pero al fin y al cabo positivo para un Racing que marcha con claridad hacia arriba, olvidando un pasado reciente demasiado negativo incluso para un conjunto modesto como el verdiblanco.
Los hombres de Miguel Ángel Portugal jugaron con inteligencia, como debe ser. No hicieron un partido brillante, ni mucho menos, pero sí acertado, sobre todo teniendo en cuenta quien era el rival que tenía enfrente, todo un Valencia.
El equipo de Portugal, que aprobó su reválida ante la afición racinguista después de encadenar la quinta jornada consecutiva sin perder, saltó al terreno de juego consciente de que la atención iba a ser fundamental. Y la tuvo. El conjunto santanderino basó su juego en su buen posicionamiento sobre el terreno de juego. Era fundamental estar bien colocados ante un equipo como el 'Ché'. El centro del campo funcionó, sobre todo en lo que a contención se refiere, la defensa estuvo acertada en todas las acciones en las que tuvo que intervenir y la delantera, a falta de gol, hizo un incuestionable trabajo. En definitiva, que línea por línea no se pueden poner demasiados peros a lo hecho por el conjunto santanderino.
Sin embargo, y pese a que las cosas se hicieron moderadamente bien en la primera parte, se echó en falta algo más de mordiente ofensiva. Quizá no llegó porque el Valencia se mostró como un equipo compacto, un ejemplo de disciplina táctica y que juega de memoria. Quizá fuera eso o que el Racing no daba más de sí.
Por mucho que Colsa, activo como en los últimos encuentros, tratara de canalizar el juego ofensivo, o de que Munitis y Zigic se ofrecieran en toda la zona de ataque, lo cierto es que hubo que esperar al tiempo añadido a la primera mitad para ver como el Racing disparaba entre los tres palos de la portería defendida por el silbado Cañizares.
Antes, nada de nada. Algo que si se refiere al Racing no es extraño, pero que achacándoselo a un equipo de los de la zona alta, como es el caso del conjunto valenciano, si resulta más llamativo. Los hombres de Quique Sánchez Flores sólo dispusieron de una ocasión clara con un disparo de Morientes a pase de Regueiro que Toño, que esta vez sí estuvo acertado, desbarató.
Algo más
Tras el descanso, el Racing, además de cumplir, trató de hacer algo más. No fue espectacular ni llamativo, no, pero sí efectivo. Empleó sus mejores armas -Zigic y Munitis- para derribar a un Valencia inexistente. Una falta sacada desde el centro del campo fue desviada en la frontal del área por el ariete serbio hacia Munitis que, de cabeza, batió a Cañizares. Un gol que, visto lo visto, tenía toda la pinta de valer tres puntos de oro.
Y así fue. El equipo levantino no pudo ni siquiera intentar aproximarse a la portería de Toño. El Racing no se lo permitió. Los cántabros continuaron estando bien colocados, mantuvieron la entrega que hasta ese momento habían mostrado y siguieron poniendo toda su casta sobre el nebuloso césped de El Sardinero. Y bajo estas premisas nada malo podía ocurrirles.
El Racing acabó sumando tres puntos que saben a gloria y que le colocan, una semana más, en una posición relativamente tranquila. No demasiado lejana de los puestos de descendo, pero sí más o menos cómoda. Y si el Racing ha respirado, qué decir de Portugal, que ha visto como los últimos resultados le han permitido recuperar el crédito que tenía perdido hace apenas veinte días. ¿Quién lo iba a decir!
Fuente:
El Diario Montañés