lunes, 23 de octubre de 2006
El Racing se dejó empatar en dos ocasiones por el Espanyol en Montjuic La eficacia de Zigic y Munitis adelante contrastó con el bajo rendimiento de la zaga.
El Racing cosechó un trabajado empate en su visita al Espanyol. Un empate que deja la mayor parte de las cosas como estaban, es decir, con Portugal manteniéndose en el cargo de misericordia y el equipo sin terminar de abandonar la zona de los apuros.
Pero no todo es igual. Ayer, quizás por vez primera en lo que se lleva consumido de Liga, el Racing no dio pena. Mostró una cierta personalidad frente a un Espanyol que se le da bien y deja jugar. Cierto es también que se ha convertido en rehén de la eficacia de la delantera, que ya no sólo lleva al equipo a la espalda, sino que también carga con el entrenador: ahora puede decirse que Portugal tiene en Zigic y Munitis a dos ángeles de la guarda.
La otra cara de la moneda, atrás, con una defensa que consintió en repartir los puntos con Tamudo, porque el resto del Espanyol ya había desaparecido.
Centrados
Al Racing le costó un buen rato centrarse frente a un rival aún envalentonado por su victoria de UEFA. Salvo algún tímido paseo hacia la portería de Kameni, los de Portugal se contentaban con aguantar el chaparrón. Mientras Moisés y, sobre todo, De la Peña, daban un poco de fundamento a la pelota, el Racing no era capaz de cruzar el ecuador con ella controlada, y buscaba el camino por las bandas o mediante intentonas individuales.
Tres faltas consecutivas puestas en juego por el Espanyol al borde del área de Toño encendieron la luz roja, aunque es cierto que el portero no llegó a pasar apuros.
Fue en el minuto 25 cuando Zigic demostró que aparte de sus archicomentadas habilidades, todavía guarda más y también que su fichaje ha sido el acierto del año del club. El serbio se convirtió en una especie de Vitolo de la talla XL para cortar balones y presionar. Apoyado por Munitis, birló un balón a la defensa y le dio un magnífico pase en profundidad al del Pesquero, que éste tradujo en gol.
El Espanyol se quedó grogui, perdió los papeles y, con ellos, la capacidad de hilar pases. Fueron los momentos de mayor control por parte del Racing, aunque nunca se le vio capaz de dar la puntilla a los locales.
Paulatinamente, el equipo de Ernesto Valverde fue rehaciéndose, hasta instalarse de nuevo en las inmediaciones de la puerta de Toño. Con el tiempo ya cumplido, Tamudo, revolviéndose en el área, marcó y equilibró el marcador a tiempo para el descanso.
Un susto
La segunda mitad empezó con un susto para el cuadro santanderino, un mano a mano entre Toño y Pandiani que el portero del Racing solucionó estupendamente. Después, los locales empezaron a ceder terreno a la gente de Portugal, bien plantada en el campo y ya sin tantas prisas por deshacerse de las pelotas.
Zigic continuó ofreciendo su recital particular. Una serie de cabezazos, siempre a pase de Munitis, que con un poco de fortuna podrían haber hecho más daño pero que sólo sirvieron para poner a los nervios a la afición de Montjuic.
Munitis, otra vez, fue el encargado de desnivelar el partido. Aprovechó un contragolpe para lograr el 1-2 con la involuntaria cooperación de Chica cuando intentaba dar un pase a Zigic y Serrano, que le apoyaban en la carrera.
Era cuestión de dejar pasar de la mejor manera posible el ratito hasta oír el pitido del árbitro, pero Tamudo, a quien ya estarán tomando medidas para un busto en el Espanyol, se las ingenió para armarla a segundos del final. Su empeño se combinó fatalmente con la flojera de la defensa y una salida en falso de Toño, así que Pinillos no tuvo otra salida que intentar frenarle a la desesperada. En resumen, tarjeta roja para el capitán y penalti que el propio Tamudo transformó en el gol del empate sin contemplaciones, un 2-2 que ni siquiera los inspirados Munitis y Zigic, que volvieron a intentarlo por enésima vez, pudieron deshacer.
Diario Montañés