martes, 26 de septiembre de 2006
Se había cumplido el minuto 90 en Tarragona y el racinguismo ya tenía un diagnóstico: había que tomar medidas quirúrgicas después de perder todos los partidos frente a todo tipo de equipos: ante el gran campeón Barcelona, ante el Atlético que aspira a Europa, ante el Getafe llamado a transitar por la media tabla y ante el Nástic, el más modesto de la Primera División. Pero en el alargue Zigic salvó a Miguel Ángel Portugal y le dio la ocasión de hacer un análisis tan condescendiente como los de domingos anteriores. Espero que no se engañe.
Portugal es un tipo sereno, afable y educado, que transmite la hombría de bien del castellano viejo. Un académico con obra publicada (su último libro: El entrenamiento en fútbol: rondos y mantenimientos, 2006, Lisma Ediciones, 204 páginas, 25 euros) y amplia experiencia en la formación de futbolistas, que ha demorado hasta la cincuentena su debut en Primera.
No es el mejor perfil cuando las cosas se tuercen desde el principio. Él no tiene la culpa de que los porteros monopolicen la 'jugada tonta de la semana' (¿era en el Racing donde Trevi no tenía sitio ni en el banquillo?) ni tampoco mérito porque de tres cuartos de cancha hacia adelante Munitis y Zigic muestren su talento de vez en cuando. Su responsabilidad es otra: el orden, un sistema para contener y atacar, los movimientos de hombres y balón, un equipo comprometido con una idea, que ante el primer contratiempo los jugadores no se pongan a discutir, a hacer la guerra por su cuenta o a pasar de todo.
En Tarragona resultó razonablemente bien -Marcos Menocal pudo cantar en Punto Radio DM los dos primeros goles del Racing- pero que los 202 centímetros de Zigic condicionen el juego hasta el punto de que colgar balones al área sea la única opción revela pobreza futbolística. Que Melo perdiera en sus regates cinco balones, ¿cinco!, que se tradujeron en otras tantas ocasiones para el Nástic, y siguiera en el campo, fue una exhibición de falta de autoridad en toda regla. Portugal debe demostrar ya que tiene ideas claras y un carácter firme para estar en la élite.
Diario Montañes