La caída en picado del Racing no parece tener fin. Ayer, en un pésimo encuentro y ante el que quizá ha sido el mejor equipo que este año ha pasado por El Sardinero, el Getafe, el conjunto santanderino dio un paso más hacia un descenso del que sólo parece poder salvarle un milagro o, lo que parece más probable, la existencia de equipos peores que él en la categoría.
El Racing, que ayer vio como se cerraba la etapa de Manolo Preciado en el banquillo al presentar el técnico su dimisión, jugó el peor encuentro de la temporada. Poco importaba que se tratara de un partido de una importancia vital o que el rival llegara a esta jornada con el sueño europeo como único y lejano objetivo. Ni siquiera el hecho de contar con más apoyo de lo habitual en la grada fue aprovechado.
El Racing fue un auténtico desastre en el que nada, o por ser justo, casi nada, funcionó. La defensa estuvo lenta en la mayoría de las acciones y desafortunada en los uno contra uno. El centro del campo, por mucho que lo intentaran sus componentes, no dio pie con bola. Y la delantera lo de siempre. Apenas alguna acción de Antoñito, que además de marcar un gol dispuso de alguna otra ocasión no demasiado claro, y, como siempre, Aouate, con varias intervenciones decisivas, pusieron alguna nota positiva para los santanderinos. El resto, como en otras muchas veces a lo largo de una temporada pésima, para olvidar.
Las cosas claras
Desde el minuto uno de juego quedó claro que el partido no iba a ser sencillo para los de Preciado. El Getafe, como el que no quiere la cosa, se plantó a las primeras de cambio ante la portería de Aouate con total comodidad. Menos mal que el israelí estuvo atento para desbaratar la clarísima oportunidad de Vivar Dorado. El toque de atención no debió ser bien entendido por el Racing, que apenas unos minutos después vio como Alberto ponía de nuevo al portero verdiblanco en apuros.
El conjunto racinguista deambulaba por el campo como si tuviera cuarenta y tantos puntos en la clasificación y su único objetivo fuera llegar al final de la temporada cuanto antes y con el menor número de lesionados posible. Nada más lejos de la realidad. El Racing está con el agua al cuello, a un único punto de la zona de descenso y, lo que quizá es peor, ofreciendo unas sensaciones que hacen temer a los aficionados lo peor, es decir, que el año que vienen, de seguir así, tendrán que conformarse con ver a su equipo en Segunda.
La diferencia entre Racing y Getafe era tan grande que el empate a un gol que registraba el marcador cuando Fernández Borbalán señaló el final de la primera parte era una absoluta injusticia, ya que los madrileños merecieron irse al vestuario con el partido ya resuelto.
Las cosas cambiaron, o al menos esa fue la impresión que dio durante algunos minutos, tras el descanso. Los jugadores del conjunto cántabro dieron la impresión de estar más motivados, a la vez que los madrileños parecían conformarse con un resultado que sabían a ciencia cierta que podrían remontar en el mismo momento en que lo intentaran con un poco más de ahínco. Pero ni siquiera fue necesario que los de Schuster pusieran demasiado empeño para llevarse los tres puntos. El Racing fue víctima de su propio despropósito, o quizá habría que decir de su propia incapacidad, porque dio la sensación que en el club cántabro no hay más cera que la que arde. En una internada de Riki por la izquierda, el ex madridista se plantó solo ante Aouate para conseguir el 1-2. Ahí se esfumó cualquier ilusión para los hombres de Preciado.
Un espejismo
El atisbo de recuperación tras el descanso se quedó en un mero espejismo y lo que hasta ese momento había sido un juego muy pobre empeoró todavía un poco más. El Racing no dejaba entrever capacidad de recuperación alguna y era un juguete en manos de un equipo muy serio, que sabía qué hacer en cada momento y que dispuso de alguna otra ocasión para marcar, como fue la de Pernía que con un libre directo lanzado de forma magistral sentenció el encuentro.
Ahora, tras la enésima desilusión para sus aficionados, el Racing se ha colocado en una situación verdaderamente crítica, situado al borde del abismo del descenso y con la sensación de ser incapaz de evitar una caída de la que sólo el desacierto de los demás puede librarle.
Ante el Málaga, con un revulsivo en forma de nuevo entrenador en el banquillo, el equipo deberá demostrar si es capaz de mantener el tipo en el tramo final del campeonato o, por contra, si está condenado, tal y como los más pesimistas han presagiado desde hace mucho tiempo, a pasar una vez más por el infierno de la Segunda División.
Fuente:
El Diario Montañés