El Racing sigue empeñado en complicarse la vida. Ayer, ante una Real Sociedad flojita, salió a empatar y, como suele suceder en estos casos, acabó perdiendo. Puede que no fuera merecedor de una derrota, pero lo cierto es que el Racing volvió a Santander más cerca del descenso y ampliando una semana más una racha que, tanto por su duración, como por el momento de la temporada en que se está produciendo, es más que preocupante.
En Anoeta, ni el reservón pero sólido planteamiento del partido por parte del Racing, ni la entrega de la mayor parte de los jugadores verdiblancos sobre el césped pudieron evitar que la victoria cayera del lado de la Real Sociedad que, con un juego poco vistoso y escasamente ofensivo, supo rentabilizar su única ocasión, algo en lo que los racinguistas no estuvieron ni mucho menos acertados.
La única receta que le valía al Racing era correr, estar atento y, lo que tantas veces se ha dicho en el entorno del equipo durante los últimos días, comprometido. Y lo estuvo.
El conjunto de Preciado saltó al terreno de juego con una concentración plena, y es que todo el mundo era consciente de que el partido ante la Real era de suma importancia. Cada balón que rondaba el centro del campo, tenía a dos racinguistas cerca, todos colaboraban en ejercer la presión que le gusta al técnico astillerense en definitiva, los jugadores estaban metidos en el partido al cien por cien, como requiere Preciado. Sin embargo el entrenador no pudo disfrutar demasiado del juego ofensivo de sus hombres, más preocupados de frenar las acometidas de una tímida Real que de llegar a las posiciones en las que jugadores como Antoñito o Melo debían ser decisivos. Pero, pese a su escaso juego de ataque, lo cierto es que el Racing no pasó por demasiados apuros ante un conjunto donostiarra que se perdía en interminables circulaciones de balón en el centro del campo y que confiaba todas sus opciones ofensivas en el poderío físico de Skoubo o en el acierto en alguna de las numerosas jugadas a balón parado de que dispuso.
Por su parte, los cántabros trataron, sin demasiada fortuna, de sacar provecho de la movilidad de Antoñito y de las llegadas de sus centrocampistas, sobre todo de Matabuena, que no estuvo fino en la finalización de dos buenas combinaciones con el delantero sevillano, primero, y con el brasileño Melo, después.
En la segunda parte, no variaron en exceso las cosas. La Real lo intentaba con un juego cansino y poco efectivo, mientras que el Racing seguía a lo suyo, a contener el juego en el centro del campo y a esperar que sus hombres de arriba se encontraran con algún balón que les permitiera llegar con peligró a la portería de Riesgo. El partido, con estos planteamientos, parecía condenado a terminar con el reparto de los puntos entre los dos contendientes. Y es que ni los locales parecían capaces de superar a la bien colocada defensa racinguista, ni, por su parte, los cántabros daban la sensación de poder llegar a las inmediaciones del área 'txuri urdin' con la posibilidad de batir a su portero.
Con el paso de los minutos, el partido se fue abriendo. La Real, como cualquier local que se precie, insistió en su pobre intento de llegar a la portería de Aouate, y lo cierto es que tanto empeño tuvo sus frutos. Un balón que Xabi Prieto peleó en un córner acabó con un buen centro de Rekarte que la defensa racinguista no supo despejar, dejando al chileno Mark González solo en la frontal del área desde donde batió a Aouate. El tanto propició un cambio radical del partido. Al Racing ya no le valía el resultado y Preciado quemó sus naves ofensivas, poniendo en juego a todos los delanteros que tenía en el banquillo.
Pero el partido, parecía ya sentenciado y los tres puntos se quedaron en San Sebastián. Ni las acometidas de última hora, ni el empeño de los jugadores santanderinos tuvieron su premio. Al final, el equipo de Preciado dio un nuevo 'pasito' hacia atrás. Los verdiblancos se colocan un poco más cerca de los puestos de descenso, a tan sólo un punto, a falta de cinco jornadas. Desde ayer, el Racing se ha complicado un poco más la vida en un final de temporada de infarto.
Fuente:
El Diario Montañés