lunes, 27 de febrero de 2006
El Racing, tras jugar una mala primera parte, fue un equipo radicalmente diferente tras el descanso, cuando logró empatar Pinilla y Wilfried Dalmat lograron sus primeros goles como racinguistas y dieron un punto al equipo de Manolo Preciado
El Racing celebró ayer su particular fiesta de carnaval. En la primera parte saltó al terreno disfrazado de equipo ramplón, sin apenas control del juego, con sus líneas demasiado separadas y con una mordiente ofensiva más bien escasa. No se parecía en absoluto al Racing que se esperaba. Pero, tras el descanso, los hombres de Preciado se quitaron la careta y respondieron de lleno al guión más o menos previsto: Un conjunto que juega muy juntito, seguro en la línea de contención y que llega al área rival con mucho peligro. El Racing de los desplazamientos.
El Racing había vuelto a 'regalar' 45 minutos a un rival, el Alavés, que cuando se le dejó jugó a sus anchas, pero que cuando se vio apretado demostró todas sus carencias, tanto en lo que hace referencia a su plantilla, como a las decisiones que se adoptan desde el banquillo. Y es que nadie debe olvidar que en él está el que fuera presidente-entrenador del Racing, Dmitry Piterman, que ahora ejerce, para descontento de sus aficionados, en tierras vitorianas.
Poco recordó el Racing de los primeros 45 minutos ayer en Mendizorroza al que suele brillar en los partidos que juega lejos de El Sardinero. La fuerza del centro del campo, el fútbol de rápido y de control y la capacidad de sorpresa de sus hombres de ataque, armas claves para los cántabros en muchísimos encuentros, estaban brillando por su ausencia. Y bien que lo notaba el equipo.
Quizá fuera que durante los primeros minutos jugó como si lo hiciera en su campo -los aficionados locales no entraron al estadio hasta superado el minuto 10- pero lo cierto es que el conjunto de Manolo Preciado se parecía más al equipo dubitativo y poco efectivo de los encuentros que jugaba en el primer tramo de la temporada ante su afición que al que ha venido manteniendo una impecable racha como visitante desde hace ya muchas semanas.
Demasiados errores
Las imprecisiones en las entregas, las dudas en algunas situaciones defensivas y, sobre todo, la enorme distancia entre la línea de contención y el resto del equipo propició que el Alavés, eso sí, con mucha movilidad -ya lo había avisado el técnico racinguista-, tomara las riendas del partido.
Del conjunto vitoriano fueron las mejores ocasiones, o quizá mejor sería decir, todas las ocasiones, ya que el Racing, salvo en la jugada que acabó en penalti tras una buena acción de un brillante Melo con la inestimable ayuda del ex racinguista Coromina, no inquietó en absoluto al meta Costanzo.
El Alavés, mucho mejor colocado sobre el terreno de juego que en la pantomima del Bernabéu, sí tuvo ocasiones para marcar. Lo hizo en dos ocasiones y bien pudieron ser más a nada que sus atacantes hubieran estado algo más acertados. En cualquier caso, una llegada de Nené, que trajo en jaque a Regragui, que volvía a la titularidad, y otra de Aloisi, que entró por la zona de Garay como Pedro por su casa, colocaron a los vitorianos por delante en el marcador. No habían hecho nada del otro mundo, cierto, aunque sí cumplieron con su cometido, algo de lo que no podía presumir el Racing.
Cambio radical
Pero debió haber charla en el vestuario porque el Racing salió tras el descanso de una manera radicalmente diferente. Ya no había los espacios por los que Bodipo y compañía campaban a sus anchas, ni en el centro del campo dejaban tanta libertada a los rivales. Por no decir nada de los hombres de ataque, ahora mucho más incisivos. El Racing se había quitado el disfraz de equipo mediocre para lucir sus mejores galas, las de conjunto visitante, lo que, cuando se habla de los jugadores santanderinos, quiere decir que se vistió de ganador.
Y a punto estuvo de serlo si Pinilla, Antoñito o Melo hubieran tenido algo más de fortuna en los últimos metros, El que sí la tuvo fue el pequeño de los Dalmat, Wilfried, que lanzó un fuerte disparo desde la frontal del área que se convirtió en el tanto del empate para los cántabros.
Con el gol, y con el par de ocasiones que le sucedieron, se acabó el partido. El Racing tenía la lección aprendida y no quería que, una vez más, el meritorio punto que tenía en su haber, se convirtiera en otra decepción. En esta tarea también ayudó el banquillo local, que cuando más lo necesitaba su equipo quitó al delantero más batallador, el ex racinguista Bodipo. A partir de ese momento, los vitorianos lo intentaron con más corazón que cabeza, mientras que el Racing, poco a poco, haciendo las cosas sin demasiada prisa y sin caer en imprecisiones absurdas, mantuvo el control del encuentro. Ya no llegaba tanto arriba, pero poco importaba ya. El trabajo se había hecho y el punto tenía un sabor a victoria, sobre todo porque se mantiene la diferencia sobre un rival directo y se continúa estando a una distancia relativamente amplia de los puestos de descenso.
DIARIO MONTAÑES