miércoles, 22 de febrero de 2006
El empresario ucraniano llegó a ambas ciudades como 'salvador' y ha terminado por enfrentarse a todo el mundo
18 de enero de 2003. Dmitry Piterman es nombrado presidente del Racing después haberse hecho con el control de un importante paquete accionarial (casi el 25 por ciento) del club santanderino. Desde ese mismo momento, la polémica estuvo siempre al lado del empresario ucraniano. Primero fue su empeño en sentarse en el banquillo -el 26 de enero de 2003 debutó como técnico-fotógrafo en el partido entre el Osasuna y el Racing-, después su enfrentamiento con prácticamente todos los sectores de la sociedad cántabra que, de una u otra manera, tenían relación con el Racing -instituciones, medios de comunicación, directivos, aficionados -.
12 de julio de 2004, el empresario ucraniano, tras haber salido de la entidad racinguista por la puerta de atrás, prolonga su carrera como propietario de clubes de Primera División al adquirir el 51 por ciento del Alavés. Lo que sigue más de lo mismo.
Piterman, fiel a su manera de entender lo que debe ser un equipo de fútbol y con sus peculiares planteamientos como bandera, se pone en contra de la prensa de la capital vitoriana, de los aficionados y de los jugadores, algo que ni siquiera consiguió en Santander.
Con el mismo patrón
La estancia de Piterman en ambos clubes está respondiendo a patrones muy similares. En ambos desembarcó con el papel de 'salvador'. En el Racing, tras hacerse con algo más del 24 por ciento del accionariado, impidió que el club entrara en proceso de disolución. En el Alavés, impidió que la marcha de Gonzalo Antón colocara a la entidad en una situación límite.
Sin embargo, lo que no fue capaz de lograr en Santander, en donde no pudo hacer realidad su gran sueño, tener la mayoría absoluta, lo que le hubiera permitido gobernar el club a sus anchas, sí lo logró en Vitoria. En el Alavés subsanó ese 'error' al entrar directamente con el 51 por ciento de los títulos. Ahora, por fin, podría hacer lo que le viniera en gana.
Con el paso del tiempo, lo que iba a ser un desembarco providencial para los dos clubes, se convirtió casi en una pesadilla. En el Racing acabó a 'tiros' con prácticamente todo el mundo. En Vitoria, lleva camino de hacer lo mismo. Aunque eso sí, existe una diferencia abismal, en el Racing nunca llegó a controlar el club en su totalidad, mientras que en Vitoria es dueño y señor de la entidad alavesista.
Diario Montañés