martes, 21 de febrero de 2006

Tradición en los Campos de Sport

Muchos aficionados del Racing eligen el descenso del Athletic antes que cualquier otro. La antipatía trasciende la mera rivalidad futbolística, pero en fin, el cliente siempre tiene razón; digo sólo que ningún otro partido nos procura en los Campos de Sport tanto espectáculo en la grada, tanta pasión, tanta intensidad, tanta tradición compartida en la memoria, como los Racing-Athletic, dos históricos de aquella primera Liga de 1928/29. Hablando de fútbol en serio: ¿de verdad preferimos recibir al Málaga o al Mallorca?

Tanta era la expectación ante el partido que la derrota ha caído como un mazazo, sobre todo moral. El disgusto es excesivo porque en la clasificación le ha salido al Racing casi gratis. El Athletic ha ganado en Santander como el Celta, como el Alavés, por desgracia, casi como cualquiera: hacia el final, sin mucho esfuerzo, con uno o dos disparos a puerta y a la espera del previsible error de los de casa.

¿Demasiada mala suerte, como dice Preciado? Es cierto que Lafuente sacó tres manos abajo que parecían goles y que Urzaiz convirtió la única ocasión del Athletic pero así terminan muchos combates entre el fino estilista y el duro pegador: K.O. en el último asalto.

A lo mejor, si el Racing hubiese pisado el acelerador los 45 primeros minutos -parecía lo procedente ante un Athletic que incluso hace que el Real Madrid parezca un equipo de buen físico- luego no habría tenido necesidad de arriesgar. El cambio de Antoñito por Matabuena era el lógico, entre otras cosas porque el mediocampista no tenía su tarde. Pero la salida del campo de Vitolo fue mortal de necesidad: el equipo perdió contención y no ganó nada.

Melo merece párrafo aparte. Su entrega y grandes cualidades corren parejas a su déficit táctico, que el domingo lució en todo su esplendor: rabonas en medio campo sin nadie que le apurase, regates entre tres rivales y pérdidas de balón en zona peligrosa, patadones a las nubes en defensa cuando la podía sacar jugada, chilenas expeditivas en cualquier parcela... Atolondrado y disperso, corrió por todo el campo hacia ninguna parte y sin ningún beneficio. Mejor que buscar el aplauso fácil invocando el fervor del público sería cumplir alguna función en el equipo. Alguien tiene que decirle que deje de jugar con la 'Playstation'.
Publicado por Castrenyo @ 8:16 | 0 Comentarios | Enviar

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