No habrá séptima. El Racing, víctima de sus propios errores, vio como el Sevilla se llevaba los tres puntos de El Sardinero y ponía fin a la racha de resultados del conjunto cántabro que sumaba, hasta ayer, seis jornadas sin conocer la derrota.
Curiosamente, el Racing vio como se quebraba su trayectoria de las últimas semanas después de protagonizar un buen partido, lleno de casta, de corazón, de garra, y lo que es más importante, de fútbol, de momentos de buen fútbol, eso sí, penalizado por tres graves errores. El equipo nunca bajó los brazos a pesar del 1-3 que reflejaba el marcador a los ocho minutos de la segunda parte e, incluso, llegó a creer en el empate cuando consiguió el 2-3 a falta de seis minutos para la conclusión. Es más, Melo tuvo en sus botas, en el último segundo, el tanto del empate. Un comportamiento de la plantilla durante los noventa minutos que fue premiado por el público de El Sardinero que supo agradecer el esfuerzo y entrega de los jugadores con una gran ovación final.
Tres regalos
El Racing fue ayer víctima de sus errores. Tres regalos defensivos bastaron para que un Sevilla blando, sin el empaque que se le supone al conjunto de Juande Ramos, se llevara la victoria de Santander. Un dato vale para reflejar la situación: el Sevilla tuvo durante los noventa minutos únicamente tres claras ocasiones de gol (dos de ellas sendos penaltis) y logró tres tantos. Aouate pasó prácticamente inadvertido a pesar de los tres goles encajados.
Y es que el Racing erró ayer en la línea que se supone más fuerte del conjunto, al menos de acuerdo con los números que le avalan esta temporada: la defensa. Los centrales fallaron en el primer tanto andaluz -Kanoute remató completamente sólo a la salida de un córner-, Jonatan obsequió de forma ingenua al Sevilla con un penalti que Maresca se encargó de transformar en gol, y entre Damiá y Moratón repitieron la jugada para que el centrocampista sevillista repitiera con igual tino otra pena máxima.
Cambio de sistema
El inicio del partido fue sevillista. Manolo Preciado, como es habitual, volvió a sorprender a los aficionados con Juanjo, no por su presencia en el once titular, pero sí por su posición. El canterano ocupó junto a Matabuena el puesto de pivote, por delante de Antonio Tomás, con Melo y Jonatan en las bandas. El técnico astillerense, como estaba previsto, apostó por el chileno Pinilla como delantero centro.
El Sevilla se hizo amo del encuentro. Controló el balón y marcó el tempo del partido mientas el Racing esperaba su ocasión al contragolpe. Esta estrategia, que tan buen resultado dio en jornadas anteriores, estaba en esta ocasión bien estudiada por Juande Ramos. El Sevilla huyó del pelotazo de sus centrales y apostó por la buena conducción del balón gracias a la calidad de Aitor Ocio. El Racing lo acusó. No robaba el esférico y así no podía salir al contragolpe. Por si fuera poco, se encontró con un gol en contra a los catorce minutos. El cuadro cántabro estaba 'tocado'... pero no 'hundido'.
Manolo Preciado supo reaccionar. Adelantó a Juanjo y le situó junto a un desasistido Pinilla. Y así tuvo el premio del empate. Juanjo, tras un buen servicio del chileno de cabeza, lograba la igualada cerca del descanso.
Desastre
El Racing se fue a los vestuarios sabiendo que había hecho lo más difícil y con la fórmula magistral para desbordar al Sevilla. Sin embargo, en tan solo ocho minutos tiró por la borda el buen trabajo del final del primer tiempo. Primero Jonatan regaló un ingenuo penalti al agarrar en el área a Jesús Navas, que Maresca transformó en gol. Cinco minutos después, Damiá erró el despeje y Moratón cometía un segundo penalti. Maresca, de nuevo, llevaba el 1-3 al marcador. Demasiado castigo para el Racing a los ocho minutos de la segunda parte.
Aun así, el cuadro cántabro no se arrugó. Empujó, jugó al fútbol, encerró al Sevilla en su área y acumuló ocasiones, hasta que Melo, en el minuto 84 logró el 2-3. El Sardinero explotó. Creyó en el empate, en otra noche mágica, épica y heroica. Pero el Racing, entonces, se atascó. Jugó sus peores minutos culpa de la prisa y de la precipitación. Se olvidó de las bandas y las imprecisiones llenaron los últimos minutos del encuentro.
Aún así, el Racing tuvo en las botas de Melo un balón para lograr un empate que mereció pero que no llegó. Habrá que esperar hasta la próxima jornada, en Cádiz, este sábado.
Fuente:
El Diario Montañés