lunes, 21 de noviembre de 2005
El Racing se mete en puestos de descenso después de caer derrotado en casa frente al Deportivo en un partido pésimo Dos goles en propia puerta agotan el crédito del equipo, despedido con pitos por el público de El Sardinero
A estas alturas de la temporada, ya está claro que si éste es el Racing que iba a ir a Europa, lo hará aprovechando que Ryanair vuela desde Parayas. Ayer, frente al Deportivo, volvió a dar un recital de incapacidad y peor juego, colocándose en el sitio que se ha ido ganando jornada a jornada: los puestos de descenso. El desastre se consumó con dos goles en propia puerta y otro más de propina, éste ya de factura visitante. El público de El Sardinero, que de no ver fútbol ya aplaude hasta un cambio de banda, ya está harto de promesas, de actitud en definitiva, de excusas. Y lo demostró con pitos y los primeros pañuelos.
Hasta el más optimista podía imaginar que después del Madrid-Barcelona del día anterior, el partido iba a saber a poco. Pero a estas alturas, al Racing ya sólo se le pide que sume puntos como sea.
Revolucionados
Los dos equipos salieron un poquito revolucionados, pero con más prisas que ideas en la cabeza, lo que se tradujo en una mutua presión que impedía meneo alguno y obligaba a encadenar pases cortos en una especie de rondo vertiginoso. En otras palabras: muchos balones perdidos y poco interés.
En el Racing, nada parecía funcionar mal, pero tampoco bien. La defensa no pasaba agobios excesivos, aunque Pinillos trabajase de lo lindo para tener a raya a De Guzmán. En el centro del campo, Antonio Tomás y Vitolo trataban, sin mucho éxito, de poner orden. Delante sólo destacaba Melo, muy generoso con su esfuerzo, que trataba una y otra vez de abrirse paso hacia Molina.
Preciado demostró más paciencia que Caparrós quien, harto de ver cómo sus hombres perdían el tiempo, decidió introducir modificaciones. Su idea de intercambiar los extremos funcionó: el siempre bienvenido Munitis pasó a la banda izquierda mientras De Guzmán, que no podía con Pinillos, ocupaba la plaza del cántabro. En cinco minutos, el cántabro participó en la gestación del gol deportivista, que llegó tras un pase de la muerte de Capdevila que Neru, muy poco afortunado, transformó en gol.
Contracorriente
Otra vez a remar contracorriente, como es costumbre. Tras unos minutos de desconcierto, el Racing apretó y se acercó más al área de Molina, aunque no tanto como para hablar de peligro.
Tras el descanso, continuaron los buenos propósitos del conjunto santanderino, que mantuvo el ritmo de trabajo y siguió rondando la portería del Deportivo sin un norte muy claro. Y cuando los de Preciado estaban en pleno afán, el 0-2. En esta ocasión le tocó la china a Moratón, que peinó un tiro de falta de Munitis para batir de nuevo a Aouate.
El técnico cántabro decidió entonces renovar el equipo con un doble cambio, con el que introdujo a Juanjo y a Wilfried, mientras Melo bajaba hasta el doble pivote. Para nada. El siguiente paso, cinco minutos después, fue poner en el campo a Serrano para reforzar la defensa en su día más goleador.
El Deportivo, por su parte, mucho más práctico, marcó el definitivo 0-3 aprovechando las rebajas en la zaga local: Taborda, libre de todo marcaje, remató de cabeza, cara a cara con Aouate, un pase de Héctor, ante la parálisis de los jugadores del Racing.
De ahí al final, pura agonía y algunas carreras, mientras la gente se fugaba de los graderíos. El Racing, despedido con bronca de los Campos de Sport, que ya empieza a enseñar los pañuelos, no gana en casa, pero tampoco lo hace fuera, y el próximo fin de semana toca el Barcelona, el mismo que el sábado pasó por encima del Real Madrid. Siendo sinceros, no es muy probable que los de Preciado enderecen allí su trayectoria.
Diario Montañés