Jugar con un hombre menos durante una hora contra el equipo más en forma del fútbol español es estar condenado a una derrota segura. Y eso fue lo que le ocurrió al Racing ayer en Villarreal. El conjunto de Lucas Alcaraz, que ofreció una buena imagen mientras estuvo con once futbolistas sobre el terreno de juego, acabó sucumbiendo ante el torbellino del equipo castellonense que, sin embargo, selló su victoria con un más que riguroso penalti. Demasiados escollos para un Racing que no está pasando por su mejor momento pero que, sin embargo, ayer sí llevó la ilusión a sus aficionados durante unos minutos. Y pese a todo vuelve a estar en puestos de descenso.
No fue el Racing timorato de otros encuentros. No. Ni siquiera la impecable trayectoria del Villarreal en 2005 amedrentó a los de Lucas Alcaraz, que afrontaron el partido atendiendo a dos premisas esenciales. Por un lado, los cántabros se mostraron firmes atrás y presionantes en el centro del campo o, lo que es lo mismo, exhibieron un serio trabajo defensivo. Por otro, arriba los hombres de vanguardia estuvieron especialmente activos, sobre todo por la banda izquierda, en donde unas veces Morán y otras Benayoun, acompañados siempre por un incombustible Regueiro, llevaron la inquietud a la portería del rival, a diferencia de lo ocurrido en otros partidos, en los que la sensación de peligro acababa cuando se llegaba a la frontal del área.
Además, a estos dos aspectos positivos del juego del conjunto santanderino hay que unir la mala fortuna de los locales, que tuvieron en la madera de la portería de un acertado Aouate a su principal enemigo sobre el terreno de juego.
Con estos condicionantes, el gol podía caer de cualquiera de los dos lados y, afortunadamente para los intereses del Racing, fue Regueiro el que abrió el marcador de El Madrigal al transformar de forma magistral un libre indirecto. El disparo del uruguayo se coló como una exhalación por la escuadra de Reina, que poco o nada pudo hacer además de sacar el balón del fondo de su portería.
Expulsión decisiva
Pero las cosas no están siendo en absoluto sencillas para los cántabros en la presente temporada. Cuando no son los errores ante la portería del rival, son los fallos en defensa y cuando no, como en el caso de ayer, otros factores, como la expulsión de un jugador. Regragui, que había visto una amarilla en los primeros minutos del encuentro recibió la segunda tarjeta por una entrada a Guayre. La acción dejó al equipo de Alcaraz con un futbolista menos o, lo que es lo mismo, puso en bandeja el partido al Villarreal, que a partir de ese momento puso cerco a la portería de Aouate que, eficaz como siempre y ayudado por los palos, evitó la igualada del equipo castellonense antes del descanso.
La expulsión de Regragui hizo que el planteamiento de Alcaraz tuviera que cambiar de forma radical para pasar a jugar con una defensa de cuatro hombres con Guerrero como única referencia ofensiva.
Si comenzó el encuentro tratando de tú a tú al equipo de Pellegrini, con un jugador menos el Racing encomendó toda su suerte a una salida fulgurante de alguno de sus atacantes para tratar de sorprender a la bien situada defensa del 'submarino amarillo'.
Con lo cántabros metidos atrás, más por el empuje del Villarreal que, como en otras ocasiones, por voluntad propia, el equipo de Pellegrini asedió con constancia la portería racinguista y en una de esas acciones llegó el esperado gol del empate. Guayre dejó a Argel 'sentado' y puso en bandeja el balón a Forlán que sólo tuvo que empujarlo.
Torbellino local
El Villarreal, con todo a su favor, fue un torbellino. Las ocasiones caían una tras otra del lado del conjunto de El Madrigal que en cada una de sus acciones se plantaba con evidente peligro en la meta racinguista. Y en una de ellas llegó la jugada que dio origen al segundo gol. Un penalti muy riguroso de Mora sobre Arruabarrena en la enésima llegada de los locales al área racinguista fue transformado en gol por Riquelme. El segundo tanto del Villarreal obligó al Racing a jugarse el todo por el todo. Los de Alcaraz volvieron a llegar a las inmediaciones de Reina, cierto es que con más corazón que cabeza, quedando el recurso del contragolpe para el 'submarino amarillo' que en acciones rápidas al contraataque pudo ampliar aún más el marcador. Al final, el gol de Riquelme selló el triunfo del Villarreal ante un Racing que, a diferencia de otras ocasiones, quizá mereció algo más en este partido y que quizá lo habría podido conseguir si no hubiera sido por la expulsión de Regragui.
Fuente:
El Diario Montañés